LOS MONJES PERDIDOS DE AUSTRALIA

Jorge Carrión

Ahora todos están muertos, muy muertos, pero hace quince años, cuando visité el monasterio australiano de New Norcia, estaban todos vivos, tan vivos. El hermano Mauro y el hermano Paulino, con más de noventa años, los últimos monjes españoles de una comunidad ya completamente anglosajona, paseaban por los jardines y bebían vino en las comidas y hablaban en una graciosa y no obstante inquietante mezcla de español e inglés, tras haber pasado la mayor parte del siglo xx en la otra punta del mundo.