PEQUEÑA GRAN HISTORIA DEL CABALLO DE TROLA

Guillem Martínez

La primera mentira. Con una mentira se puede conquistar un Estado. O una ciudad. La primera mentira política de la historia es sumamente extraña, y sirvió para conquistar una ciudad. Ilión. Es una mentira tan depurada que puede ser, a su vez, mentira. De hecho, no aparece citada en la Ilíada, la historia de hombres y dioses que mienten para conquistar una ciudad, sino en su prima, la Odisea. Allí es citada, de rasquis, en varias ocasiones, siempre de forma muy breve. Se trae a colación para dibujar el carácter de Odiseo, un tipo listo. La primera ocasión en el canto V, cuando se habla a Telémaco de su padre y, claro, del caballo de Troya, una de las ocurrencias de Odiseo, de la que se da algún dato. Como que está construido de «pulimentada madera», o como una descripción sucinta —pero certera, funcional, homérica— de su utilidad, que no es otra que «llevar a los troyanos la carnicería y la muerte». No es mucho. No me refiero a la carnicería y muerte producidas, sino a la descripción del invento. Es tan poco que, posiblemente, el caballo de Troya llega a nosotros porque a) es una buena historia, que no precisa de grandes detalles. Pero también porque b) Virgilio la profundiza y recrea y detalla en otra obra, que narra el fin de Ilión, una odisea en el exilio de un grupo de troyanos y el nacimiento de algo que, con el tiempo, sería Roma. Se trata de la Eneida.

 

Imatge: © Estefanía Aragüés

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