QUIZÁ NO ESTAMOS SOLOS, SINO LEJOS

Carlos Briones

¿Hay vida extraterrestre? Esa es la gran pregunta. La que todos nos hemos hecho más de una noche, mirando al cielo estrellado. Y es también la que nos surge cada vez que tenemos en nuestras manos un buen libro de ciencia ficción, o disfrutamos frente a una película de este género tan sugerente. ¿Estamos solos en el universo, o puede haber otros planetas o satélites donde también existan seres vivos? En caso de que no fuéramos los únicos pobladores del cosmos, podríamos plantear otras dos cuestiones igualmente fascinantes: si seremos capaces de detectar esas otras vidas, y si alguna de las especies extraterrestres puede ser inteligente y llegar a comunicarse con nosotros.

Imaginemos que estamos disfrutando de la noche más oscura y despejada posible, lejos de toda fuente de contaminación lumínica, y que gozamos de una gran agudeza visual. Distinguiremos unas 2.500 estrellas desde cada uno de los hemisferios: un espectáculo sobrecogedor surcado por la Vía Láctea, que es la vista de perfil de nuestra propia galaxia. Bajo esta cúpula ha transcurrido la existencia humana desde su origen, haciéndonos sentir muy pequeños frente a tal inmensidad y llevándonos a construir mitos y religiones, a desarrollar la filosofía y la ciencia para intentar entender el cosmos, a escribir obras de ficción para soñar con él.

En cualquier caso, el número de estrellas es increíblemente mayor: unos 300.000 millones sólo en nuestra galaxia. Y hoy sabemos que podría haber 100.000 millones de galaxias en la parte observable del universo, que desconocemos a qué fracción del total corresponde. Multiplicar estos dos números nos muestra que en la región del cosmos de la que nos llega información existen aproximadamente 30.000 trillones de estrellas, o 3 × 1022 en notación científica. Actualmente pensamos que prácticamente todas las estrellas están rodeadas por un disco protoplanetario durante su formación, por lo que es probable que el número de planetas existentes en el universo sea al menos igual al de estrellas, y el de satélites podría resultar 10 o 100 veces mayor.

 

Imatges: NASA / JPL / Wikimedia Commons


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